La primera vez que me fui de casa

La primera vez que me fui de casa tenía 18 años y un respeto exagerado a la lavadora. Con el tiempo, empecé a conocer bares y el no mezclar la ropa de color con la blanca pasó a ser el último de mis problemas. Poco tiempo después, volví a casa con una larga lista de excusas y con más resacas de las que me gustaría reconocer. Ahora, “gracias a Dios” (dice mi padre), me he vuelto a independizar. He cambiado las resacas de los domingos por días de trabajo y la lavadora de mi nueva casa no tiene la magia que tenía la antigua. Lavar la ropa es un trámite; otro más.

Mis amigos y yo solíamos saltarnos muchas clases en el instituto para irnos a desayunar a mi casa y jugar al Pro 6. Teníamos una especie de competición insana que llevó a uno de mis amigos a comprarse la Play 2 y el juego para ganarnos. Lo hizo, le aplaudí con deportividad y nunca lo entendí. Años más tarde, después de pasar por la Universidad, hemos intentado volver a quedar pero no es lo mismo: hay más cerveza y menos ganas de jugar. Hemos cambiado, pero de aquella época todavía nos queda la magia y una admiración irracional por Park Ji-Sung y Morten Skoubo, un danés que jugó una temporada en la Real Sociedad.

Con la música me ha pasado algo parecido. Cuando era un adolescente me creí eso del movimiento del Hip Hop; un cuento que se inventaron los artistas españoles para vender discos. Entonces iba a todos los conciertos que se hacían en Alicante (que eran muchos y caros) y compraba los discos con la sensación de aprender algo nuevo tras cada adquisición. Hoy en día no me compro un disco sin escucharlo 20 veces antes. Salvo que lo produzca Timbaland, pero eso es otro rollo.

Supongo que crecer es aprender a coger distancia con todo lo que te rodea, que para eso ya hemos sufrido bastante. Cuando pongo un nuevo disco que acaba de salir, lo hago con los aires de un oyente experto al que no se la van a colar fácilmente porque ya ha tenido muchos desengaños musicales. Y, la mayoría de veces, me resisto a asumir que los tiempos cambian y que no tengo ni puta idea de nada de lo que hablo porque los nuevos artistas no tienen nada que ver con los artistas con los que yo me crié. Y lo digo yo, que sigo moviendo a mis jugadores con las crucetas cuando juego al Fifa 18.

No voy a mentiros, no escucho a Kodak Black con la misma ilusión con la que escuché la maqueta de Estopa. Eso sí, doy gracias por que exista la variedad musical que hay ahora, aunque tenga que aprender a disfrutarla de otra manera; mucho más fría, a veces rutinaria. Soy consciente que la música que escuchaba antes me transmite mucho más que la de ahora pero también de que la nostalgia del pasado nos impide disfrutar del presente y mirar con ilusión el futuro. Así que me limito a poner lavadoras y a asumir que el Adriano del Pro 6 no va a volver.

Alex Sellés
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Alex Sellés

Escribo de música porque es lo que me mueve ahora mismo, el día que no encuentre la motivación me podrás ver grabando canciones o escribiendo sobre cualquier otra cosa. De momento, me puedes encontrar encontrar en Música y lo que surja.
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